martes, 24 de marzo de 2009

Ultraterreno: El Mausoleo Propio, o Los Muertos


Otra vez acá, desde Ultraterreno, me toca escribir mientras escucho Raison D'etre, una hermosa pero violenta opening de un hermoso y violento animé, Claymore. Queda recomendado antes de comenzar a escribir.

Hoy voy a escribir respecto de esa clase de cosas, esas manchas negras, esos moretones azules que tenemos todos nosotros. Los Muertos en el Placard, los Esqueletos en la Ducha, los Monstruos abajo de la cama. Hoy voy a escribir de nuestros cucos.
No hay peor cosa que asustar a un niño para alejarlo de algo, ya sea "por su propio bien", o por evitar que alcance algo que no debe alcanzar por otros motivos. Los niños tienen un poderío tal que no es difícil hallarlos totalmente traumatizados a la hora de creer en la existencia de "cosas, monstruos" u otros entes maléficos que extienden sus garras. Es obvio que nunca sucederá nada, o mejor dicho, en la gran mayoría de los casos no llega a suceder nada. Pero que diablos, está sugeriendo el autor que los cucos de la infancia son reales? No lo estoy sugiriendo, lo estoy afirmando

No quiero retenerme dentro de la infancia, porque sería volver sobre lo que ya escribí y no quiero hacer eso. Tampoco quiero dar un punto de vista muy subjetivo y propio; por más que este sea mi inútil blog, por más que no tenga más solución que sujetarme a las riendas de mi casquete humano y someterme a la visión que me suscribe al escribir, quisiera ser lo más objetivo posible respecto a este tema. Aunque yo mismo no creo en las totalidades, creo en las opiniones y las circunstancias, creo en las historias y en los seres humanos, me veo peleando contra el monstruo de la subjetividad como Teseo combatía contra el Minotauro. Y no sé cual de los dos soy yo.

Volviendo al tema que nos encarna, acá voy. Los cucos, mosntruos míticos y las leyendas, todo aquel engendro que surca nuestras vidas en algún momento constituyen esa cripta o fosa común donde tenemos enterrados nuestros muertos. Con muertos, por más carnavalesca que sea la analogía, me refiero a muchas cosas: los muertos son la conjunción de recuerdos, tradiciones, relatos (escritos y orales), familiares y nosotros mismos. Esos mismos muertos de los que Hollywood nos hace reír y alguna que otra historia escalofriar, algunos de esos muertos que nos traen tristeza, odio o resignación, algunos de esos muertos que nos recuerdan que alguna vez vamos a ser nosotros. A pesar de que parezco haber perdido el punto o el quid de este texto, acá viene la explicación de todo aquello que vengo poniendo en palabras como quien hace un collage sin orden, y es que me cuesta encontrar orden alguno a toda esta chorrada que brota de mis dedos como una marabunta.

Decía, aquellos cucos con que nos aterrorizamos mutuamente tienen un carácter similar a los Dioses que escribí artículos atrás, y también al de las Musas Sucúbicas, aunque cumplen una función totalmente distinta. Mientras que los Dioses nos dan tranquilidad, paz y alegría y las Musas nos encarnan y enfrascan en la pasión creativa, los Muertos son aquellos seres creados del cadáver de otro ser humano. Mientras que los Dioses y las Musas son creados de la nada, o de siluetas y sombras humanas vivas, los Muertos son la conjunción de todo lo humano, de todos elementos creados por nosotros mismos que ya han muerto. Tememos a la Muerte con su inexorable paso, tememos a nuestros antepasados, silenciosos desde la tumba; tememos a la oscuridad, puesto que jamás sabemos que hay donde nuestros ojos no ven; tememos al silencio, puesto que augura el sobresalto; tememos, en síntesis, a la ausencia de estímulo.
Tememos a la ausencia de vida humana.

Si tengo que poner mi opinión, los monstruos creados a partir de estos Muertos carentes de todo lo humano son los mejores de todos los cucos que recorren la tierra. Por cuco entiéndase todo aquello que amenaza al hombre: desde el mismo hombre hasta estas invenciones, pasando por las potestades naturales. Porque son los mejores? Bueno, argumento en su favor que no solo despiertan la imaginación y mantienen viva la tradición (importada o exportada), y porque son los enemigos del verdadero lobo del hombre: los vivos. No hay monstruo que no se contraponga en sentido totalmente vertical al cuco vivo, a aquel cuco que con una AK-47 puede dejarte sin la vida que tanto apreciás, a ese cuco de traje y corbata que sale todos los días a la calle, y a ese otro que aprieta un botón y acaba con millones de personas, como si fueran bacterias aniquiladas por algún antibiótico.

Porque los Cucos artificiales no son para nada artificiales, ni irreales. Son tanto o más reales que los otros, solo que matan menos.

No he hecho comparación alguna, pero a ojo de buen cubero puedo decir tranquilamente y sin riesgo a equivocarme que todas las personas a las que se les adjudica el destino de los Cucos no puede compararse con las víctimas del hombre mismo.

Dependiendo de tu óptica de la vida, del mundo y la realidad, tendrás tu propia opinión de estos cucos, los irreales, aquellos que existen pero no existen, aquellos que permanecen pero no están. Personalmente, creo en todos ellos (como diría Flanders, si, incluyendo a aquellos otros que se contradicen con los otros), creo en ellos con el fervor de la seguridad de haberlos tocado y de haberlos visto, de haber conversado con ellos y de haberlos amado. Puede sonar extraño, pero nunca tuve realmente miedo hacia ellos: quizás de más chico si, pero a la oscuridad solamente. Cuando aprendí a ser un Hijo de la Noche y a amar la penumbra, hice las paces con ellos. Solamente me provocaba (y me provocan) rabia aquellos que no saben comportarse, o se inmiscuyen para perjudicar a mis seres queridos, una rabia que me cuesta controlar.

Si realmente quieren creer en ellos, no deben tener ninguna dificultad en volver a verlos. El hombre de hoy en día usualmente los deja pasar: no tiene tiempo ni para coger, ¿Va a tener para convivir con monstruos?

Yo prefiero no creer en los otros Cucos, los reales. Prefiero creer en un mundo donde esos son los irreales, las ilusiones, las fantasías.

Porque mis Muertos son mucho más alegres que los Vivos que encuentro a través de los medios.

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