jueves, 7 de mayo de 2009

The Nether Mushroom, o Cuco Personal

Empiezo a escribir esto después de una roleada. La verdad es que estoy bastante consumido, por no decir cansado, pero creo que tengo un poco de repuesto como para vomitar esto once and for all.

Tengo alma de estructuralista sistemático. Por más que lo odie y que realmente no me sirva demasiado (ya que desaparecen los proyectos tan rápido como se alzan), tengo que reconocerlo: termino siendo esa clase de cosas y de personas que le ponen número y etiqueta a las cosas, además de que suelo pensar mucho en las posibilidades. Pero dejemos la porquería introductoria y resumamos: ya que supuse hacer un análisis copado sobre cierta persona, me veo en deuda casi kármica de hacer un relato similar con todas aquellas personas que rozan este... digamos, éxtasis virtual. Así que aquí arremeto de nuevo con esa clase de narrativas que a nadie gusta, pero sirve para regalarse flores marchitas.

Hold on your Buts!





Vacía.
Cansada.
Fatigada.
Consumida.
Extenuada.

Se veía a si misma como una conjunción de cosas, una encrucijada de situaciones y de oraciones. Muchos porqués, muchos quizás, y toneladas de ojalás se apilaban sobre ella en una prensa que oprimía y a veces sofocaba con tanta insistencia, que ni siquiera allí, en su lugar seguro, tranquilo, podía estar totalmente serena. Tampoco era de esas personas que solían quebrarse con facilidad, pero cuando lo hacía, la rotura podía superarla con creces.

-Vacía, cansada, fatigada, consumida, extenuada...- dijo la vocecita irritante, seguida por la risa socarrona más estridente que había oído jamás. Luego, con insistencia, otra vez, retomaba la lista como si fuera una cinta grabada que se repetía sola, diciendo con el mismo hilito de voz -Vacía, cansada, fatigada, consumida, extenuada...-
Y por supuesto, otra vez la risita.
Si había algo que Harold sabía hacer, era sacarla de sus casillas. Lanzó una mirada de odio al espejo, desde donde Harold la observaba con sus ojitos amarillos, y lanzó una toalla, cubriéndolo.
Que se calle, penso, Que se calle.


Las carcajadas se llevaban todo. Las risas, la buena vida, la comunión con sus amigos, que trascendían la frontera de amigos para ser ya familia. Esas personas que eran para ella como cuentas de un rosario del que se aferraba, sin saber (o quizás suponiéndolo) que ella misma era una cuenta más en miles de rosarios de miles de personas. Los encuentros, las mateadas, los paseos, las escrituras compartidas, las conversaciones...
Las lecturas, las oraciones, los descansos. A veces creía que si todo eso no estuviera en su vida, probablemente la hubieran metido en un manicómio al mejor estilo Silent Hill desde hacía mucho tiempo. A veces se preguntaba cómo diablos iría a trabajar, resoplando un suspiro de tedio frente al espejo.
Y era entonces cuando los ojitos amarillos emergían, y la risita socarrona se dejaba ver apenas.
Lo curioso es que ella no odiaba a los espejos. Le encantaban los espejos, no les rehuía ni tampoco quería temerles. Ni siquiera Harold lograba despertarle el odio, la miseria, las escorias del espiritu humano. No.
Ella continuaba viviendo su rutina que no era rutina, y también continuaba existiendo realmente en aquellos espasmos de placer que sufría el recorrido por el mundo. Una que otra lectura, decenas de personajes y tramas revoloteando en su cabeza, pensamientos pícaros y un poco de amor que encontraba sus resquicios cada tanto.
Harold arañaba los espejos, las ventanas, los cristales y todas las superficies pulidas. Harold se parecía mucho a ella, como si fuera un reflejo lo bastante distorsionado como para que sea evidente que no era humano; no obstante, Harold tenía personalidad y límite propio. Lo había bautizado así porque lo creía bastante apropiado, ya que ella detestaba ese nombre y también lo detestaba a él.
Cada tanto, Virgilio u otra entidad acudía en su rescate, y Harold corría a esconderse en las sombras de las habitaciones cerradas, la negrura de las cerraduras de las puertas y lo evidente de algunas mentiras.

Cuando se dió cuenta de dónde residia Harold, se sintió algo molesta consigo misma. Cuando lo vió por primera vez corriendo las manecillas del reloj parado, también se dió cuenta de quién había sido el que todas las veces anteriores le había gastado aquella broma, y también se dió cuenta de qué era Harold. O por lo menos, ahora tenía un indicio bastante más marcado y claro de lo que podía ser. Sin embargo, no rabiaba en ira ni nada.
Simplemente se rompía, como un bello espejo renacentista que es tirado desde un cuarto piso, o que debe reflejar todos los días en su cuerpo el rostro y la conciencia de un criminal lo suficientemente jodido como para alterar un espejo.
Entonces lo vio, y se dio cuenta. Ella era un espejo en el que se reflejaba todo, o casi todo, de una manera mucho más clara que el original mismo. Todo se veía en ella perfectamente, con mejor detalle, sincero y claramente.
Llegó a imaginarse a Harold como verdadero, reflejándose en ella y riéndose del pobre espejo, objeto inanimado que no podía optar; los objetos no optan, no eligen, no tienen chance ni decisión. Deben cumplir su función como siempre. Para siempre.
Salió a trabajar con demasiados pensamientos engranando en su cabeza ese día.

Dos días después estaba tranquila, serena, mientras aquel ambiente estaba extrañamente desocupado. Serena después de un buen tiempo de reflexión e introspección.
Harold se asomó, en puntas de pie, y se sonrió al verla tan tranquila. Le daría un ataque cuando lo viera danzando detrás de la pava, reflejado como si fuera una especie de espectro negrísimo, o una alta figura gris, o una opaca y blanca masividad con ojos. Los ojitos amarillos y malignos siempre se repetían.
Ella lo vio, pero no se inmutó. Harold, en cambio, si se molestó por no surtir efecto en ella, pero no se desanimó; comenzó a recitar con precisión gramática aquella sarta de palabras que siempre surtían efecto...

-Vacía, cansada, fatigada, consumida, extenuada...- chilló la vocecita, que tronaba como si estuvieran arañando el horno de acero con uñas de metal afilado.
Ella solo puso una mano delante y dijo con una voz serena y tranquila.
-Chau Harold-
Harold comenzó a desvanecerse, poco a poco, sin darse cuenta en un principio. Cuando se percató del importante detalle, se desesperó y comenzó a repetir las palabras con mayor rapidez. Y, al fin, cuando se dió cuenta de su inminente desaparición, chilló en un tono suplicantemente patético:
-No, espera! Vacía, cansada, fatigada, consumida, extenuada! Vacía, cansada, fatigada, consumida, extenuada!-
Harold desapareció sin dejar rastros.


En algún lugar de Roma, un antiquísimo espejo, bellamente adornado, dejó de reflejar a su dueño. Por supuesto que esto alteró muchísimo a su propietario, un hombre de mediana edad cuya mente no estaba muy equilibrada que digamos, quien no tuvo mejor idea que arrojarlo por la ventana con ira y contemplarlo romperse, acción de la gravedad del cuarto piso.
Y cuando vió a aquel monstuoso espectro negro en los pedazos de espejo esparcidos por la calle, no tuvo mejor ocurrencia que desplomarse de la impresión.
De cabeza al vacío, por supuesto.


Son las doce de la noche, y Ella no tiene ni la menor pista de que, cuando vaya a bañarse, se encontrará con un hombre confundido y destrozado por la caída en su espejo.






"There is no value on being a Broken Toy, wich is what you Losers are", - Iori Yagami


Dedico este escrito a quien sabe encarnarse en este escrito. Espero que sea un abrazo reconfortante y no un cachetazo en la cara, puesto que está diseñado para reconfortar y no para aturdir. Quizás otro día pueda escribir algo un poco más poético, menos trágico y fantástico. No lo se. Quizás no debería escribir esto, o quizás si. Solo el tiempo lo dirá

Volviendo a la Vida

Ahora que tengo una seguidora de mis lecturas, estoy estimulado a seguir escribiendo... o es eso, o es una especie de idea que quería llegar a tener de eso.

Retomemos.

Vislumbrándolo desde afuera, veo hoy en día que no muchas cosas terminan teniendo resultados separados, o significaciones y simbolismos estrambóticos. Cuando el espectro está detrás de los dedos, algo más es lo que se suscribe en cada palabra, en cada gesto, en cada beso. Y aquí, en este cuarto y último escrito autobiográfico, encuentro a mi propio espectro sentado sobre el monitor, sonriéndome con su risa seca de calavera.

Pasé por los estadios como un buen estudiante, y tuve que colapsar para darme un respiro colosal. Y cualquiera que lo viera de afuera podría comentar que habiendo tenido una semana de vacaciones, tenía el suficiente tiempo de respirar, pero no fue así. Muchísimas respiraciones en un solo lapso pueden llegar a martirzar la tráquea, y unas cuantas cosas (múltiples) que asimilar al mismo tiempo pueden con cualquier organismo vivo. We are humans, afterall.

La enfermedad comenzó a ceder después de un rato, unos días que fueron bastantes siginificativos y que estuvieron acompañados por bastantes personas que aprecio mucho. Solo me hubiese faltado un poco más de soledad para que este Retiro de seis días, mas o menos, fuera completo... pero no me quejo. Y una vez más, las otras realidades irrumpen en la primera, la presente, la usual. Y yo me siento con tantas energías, que podría salir corriendo a inundar los pulmones de aire helado y reirme con las estrellas.

Retomemos.

Una vez que alguien se levanta con energía, puede hacer lo que quiera y el mundo parece estar en la palma de su mano. Cualquiera que haya tenido al menos un amanecer con ese impulso que despierta junto a vos, agolpándose en todos los músculos del cuerpo e instándote a saltar de la cama, lo sabe. Una vez que alguien se levanta con energía luego de un período de enfermedad bastante áspero, no obstante, tiene que reconsiderar algunos aspectos. Así comenzaba a cuestionarme el día, cuando un chistido que provenía de arriba del armario me llamó la atención.
Sentada, abrigada en exceso para el día cálido que hacía, riéndose con una sonrisa que salía de su ironía natural (o sea, una expresión mucho más empática, comprensiva y buena), estaba ella. Parecía darme la bienvenida con esos ojos violáceos, como si recién ahora valiera la pena volver a recibirme. Y me daba cuenta de esto, cuando le devolví la sonrisa mientras ella se desvanecía, y encontré el porque.

Ella, mi Musa Sucúbica, a quien hacía días que no veía, era el presagio perfecto para comprender nuevamente qué etapa abordaba ese día. No había dormido mucho, pero me sentía con un ímpetu poco natural. Medité unos momentos y me volví a dormir luego de un frugal almuerzo.

Soñé (en mucho tiempo los sueños habían sido tan significativos e intensos para mí como en estas últimas dos semanas) con telones, sábanas, sedas, gasas, entrevelos... luces y sombras se mezclaban y me hacían ver por momentos algunas cosas. La tela me abrigaba y me abrazaba. Estaba persiguiendo algo. Todo era negro y blanco ahí dentro: lo único gris era yo.

Desperté para darme cuenta que se me había pasado el horario del Profesorado, y que ya tenía otra falta (que pesaba bastante ahora que había pasado una semana holgazaneando en Baires). El corazón se me estrujó brevemente de preocupación, pero luego lo dejé ir. Ese día tenía algo que precisaba abstracción, música y felicidad. Tras saltearme a mis viejos y a los engendros que habitan mi hogar, logré ponerme a mamar griego, filosofía y todo aquello... la felicidad que me colmaba me daba la razón y me hacía estar tan contento y alegre, que nada podía dejar de brillar a mis ojos.

Unos cuantos mensajes, unos vistazos a mi musa y los otros entes que rodean la casa, un ritual de agradecimiento y una canción que me dejaba un sabor seco y peligroso en los labios.

Estaba de vuelta vivo.

No tengo mejor manera de expresarlo. Podría darle muchas vueltas al asunto, pero no puedo expresarlo mejor y con una analogía tan breve y estúpida, a veces logras dar los mejores efectos a tu escritura. Y Leela (mi Musa), cambiaba y reia a mi lado, y sus labios estaban llenos de sangre mientras sus manos permanecían limpias. Y los entes que bajaron de las estrellas y cohabitan conmigo estaban energizados por mi renacer. Y la enfermedad, cuco apaciguado, me volvía a sonreír con una mueca sin dientes, como si se tratara de un viejo amigo.
"Mi papel aqui se ha cumplido", parecía decirme con esos ojos negrísimos y diminutos, "Hasta la próxima que necesites detenerlo todo".

La imágen está dedicada a esa otra persona, aquella devoradora de personas que es mi última lectora, quien también forjó gran parte de mi carácter en este último tiempo (diría unos... años?), y quien me ayudó a empujones, junto a muchos otros que también merecen reconocimiento, a volver a levantarme del ataúd. Y no puedo expresar mejor esa sensación de satisfacción, energía, sed de sangre y negativismo que se apodera de mí en estos momentos, que con una canción. Y puedo exagerar, o puedo simplemente estar estimulado por múltiples cosas. O, por supuesto, puedo seguir alardeando. Solo me encanta poder irme de aquí y tomar nuevamente los hábitos, que me aguardaban como esperando mi regreso.

Estos cuatro escritos representan mis cuatro estaciones, los cuatro elementos, el ciclo eterno que se repite y no cesa nunca. Ouroboros devorando su cola. Otro objeto volviendo a sonreír. Un niño que se parece a su abuelo. El Eterno Retorno.

Y, volviendo a tomar mi posición en este mundo, ya de vuelta, me encamino a la oscura noche a beber aire helado junto a las estrellas y la luna. Pensando en miles de cosas y sintiendo otras cuantas a la vez.


Retomemos

martes, 5 de mayo de 2009

Enfermedad

Insomnio otra vez, Té de Hierbas y boludeces por el estilo. A escribir un poco

Él se sacude sin moverse, con sacudones internos que destrozan lo que le queda de integridad. Poco importan sus pulmones, pero los siente como si se hubiesen encogido: cada vez respira menos y más rápido, con bocanadas que parece que van a dejarlo un poco fuera de esta tierra. El cuerpo le duele con un dolor interno, generado probablemente por los sacudones. La cabeza es una implosión de dolor.

A pesar de todo, el dolor es relativamente anecdótico. Toda experiencia trae algunas moralejas y unas buenas excusas para poder aprender a molestarse mutuamente. No suele enfermarse seguido: todo lo contrario, es la sanidad con patas. Siempre alegre, enérgico y entusiasta, vive alegre cuando no le cierran la puerta en la cara.

La enfermedad le trajo una nueva manera de aprender a respetarse y a darse tiempos. Los pulmones, diminutos y arrugados como pasas, albergan poco aire y se siente sofocado. Si intenta respirar un poco más, la tos lo quiebra en dos, en ataques que duran unas isete o diez arremetidas. Y escupe sus insultos, su descontento, y pedazos de su garganta.
No solo camina con toda la enfermedad pegada en la piel. No solo come en demasía y bebe muchos líquidos calientes, esperando que ese estado irritante pase mágicamente. No solo descansa mal y poco.
No. La enfermedad lo lleva a un nuevo nivel, totalmente olvidado para él.

Se jacta de ser imaginativo, de ser una suerte de escritorzuelo. Se jacta de ser muchas cosas que últimamente no es. La enfermedad fue como destapar un baúl cerrado durante mucho tiempo, como alcanzar un umbral lleno de polvo. Como en los viejos tiempos, sus sueños son pesadillas eléctricas, breves como chispazos de interferencia en una radio. Como en los viejos tiempos, se levanta murmurando argumentos, personajes, ideas. Como en los viejos tiempos, no sabe cómo mantenerlos vivos. Como en los viejos, viejísimos tiempos... sus historias que ya están plantadas y tienen base firme se vuelven contra él, destrozándolo.
Como en los viejos tiempos, la escritura se vuelve introspectiva, catársica, terapéutica. No lo hace por gusto, lo hace por necesidad. No escribe por voluntad: si por él fuera, estaría durmiendo mientras el mundo se cae. Otra vez el viejo sentimiento de desgano triunfa sobre él. Otra vez la sensación de desazón, de estar ocupando un lugar plagado de inutilidad en el mundo, aborda y encalla en su mente.
Otra vez se siente como hacía mucho que no se sentía, y las hojas caídas de un otoño hermoso ilustran su propia caída a viejos vicios.

Era de mañana cuando regresaba a su casa, el cansancio sobre los hombros y la enfermedad... bueno, caminando a su lado. No tenía tanto imperio sobre él entonces. Caminaba mirando el suelo, la calle, las piedrecillas. El día arañaba el horizonte de a poco, con menos energía que él.
Cuando alzó la mirada, una brisa sopló, despejándole el rostro de cabellos. Y como si todo aquel momento tuviera una chispa de aquella magia que trajo consigo de sus viajes, ve como la misma brisa que le arrancó los cabellos de la vista arranca un centenar de hojas de un árbol cercano, doradas, hermosas y diminutas, que caen danzando su danza de las estaciones a la tierra.

Y él quisiera detener ese momento, mientras las hojas aún están en el aire. Pues entonces es feliz, y la enfermedad no lo ha desgarrado todavía. Él quisiera verse desde fuera, él quisiera detener el tiempo y poder reponerse. Él quisiera que algunas cosas duraran más, mucho más. Él realmente quisiera poder estrechar su mano con la del destino.

La enfermedad lo sacude y quiebra algunas estructuras, mientras recuerda ese momento. Y, poquito a poco, lo que no quería ver se alza ante él. Y el Insomnio y el Té de hierbas no sirven tampoco. Nada sirve para abarajar la inminente rotura de la que, está seguro, no saldrá ileso.
No obstante, no cede. Rendirse no es una opción.

Y saborear aquellos momentos, cosa que pocas veces logra, le llena de una sensación casi olvidada... la misma sensación que se llevó de muchos lugares, de muchas personas.


Videíto de la letra de la canción que sigue abajo

We chase misprinted lies
We face the path of time
And yet I fight
And yet I fight
This battle all alone
No one to cry to
No place to call home

Oooh...oooh...
Oooh...oooh...

My gift of self is raped
My privacy is raked
And yet I find
And yet I find
Repeating in my head
If I cant be my own
Id feel better dead

Oooh...oooh...
Oooh...oooh...




Dioses, como odio esta porquería que estoy escribiendo...

La Cabeza Humeante

Él no tiene mucho que hacer. No tiene sueño, no tiene ganas de seguir escuchando aquella música constante, no tiene ganas de seguir haciéndose la cabeza con otras cosas. Así que se dirige hacia la computadora, la mente turbulenta y turbia, y se sienta delante como un androide lo haría.

Entonces comienza a poner música tranquilizadora, sedante, como morfina que corre por los parlantes.


Y su cabeza Humea.

Humea de pensamientos, de imágenes, de proyectos.
Humea como debieron humear las hogueras de la inquisición, con olor a humano chamuscado
Humea con una humareda densa y lenta, que asciende tranquila y serenamente, como la música
Humea atrayendo miles de sentimientos, cosas, pequeños recortes de papel glacé
Humea llevándose todo estímulo de su cuerpo, como la música lo hace
Humea con un humo fantástico, que no tiene ni color ni olor ni nombre, pero si sustancia

Ella lo ve. Ella tampoco tiene sueño, ella tampoco se siente con ganas de dejar el día pasar. Ella lo ve, y ve a alguien preocupado, a alguien a quien algo le duele.
Ella lo ve, y ve alguien que grita en silencio, frente a un ordenador que hace las veces de equipo de música. Ella lo ve, y se ve a si misma, y comienza a ver de a poco ese humo fantástico y maravilloso que se eleva de su cabeza, cual serpiente que ahora la observa.
Él se deja caer en la silla, abandonando el cuerpo, dejando muchas cosas de lado, dejando otras cosas, dejando que el humo se lleve toda esa carga que reposaba en su pecho. La música es el mejor lubricante para esa catársis silenciosa
Ella se acerca por detrás, y comienza a beber de su cabeza, con sus manos acariciando sus cabellos y su ser ahí, detrás, inhalando todo aquel humo maravilloso que comienza a trastocarse en niebla, suave y dulce

Él siente las manos de ella, siente su vientre apoyado en su espalda, la siente a Ella. No quiere que esa humareda negra sea absorvida, devorada por ella. Le haría mal, piensa Él. Nadie debería nutrirse de los despojos de otro.

Así que Él, que hasta entonces Humeaba para despejarse, comienza a Humear exclusivamente para ella.
Su Humo se transforma en otra cosa, otro ente, otra situación, otro sentir, otra textura.
Ella lo nota? No puede saberlo. Él solo sigue humeando, los ojos cerrados, mientras ambos están en una comunión diferente, en una fase propia, pero a la vez compartida.

Y su Cabeza Humea.

Humea llevándose unos cuantos porqués, unos cuantos quizás
Humea mirando a esa persona que tiene allí detrás, mamando su pelo y sus ideas
Humea en el contacto de las manos con las sienes, de la piel con la otra piel.
Humea despejando miles de cosas que se agolpan ahora
Humea transformándose en una hermosísima constelación que La abraza
Humea como deben Humear los Astros.

Permanecen en este éxtasis mutuo unos cuantos minutos, pero el tiempo es relativo entonces. El tiempo es un chicle pegado debajo del mostrador de la realidad en ese momento. Y cuando se da cuenta que debe regresar a su puesto, algunos de los objetos sobre el mostrador se hallan revueltos.
Él se levanta y murmura un Gracias
Ella lo mira a los ojos y masculla un De Nada
Ambos se van a dormir, entonces, con un extraño sabor en la boca, como si se hubieran empalagado de comer demasiado caramelo de Feria.
Ella sueña y descansa, con sueños que parecen conejos y con descansos que parecen peluches colosales acostados detrás de ella.

La cabeza de Él... Humea.

lunes, 4 de mayo de 2009

Sueños Ovillados

Escuchando Eurythmics y Annie Lennox se pueden llegar a evocar las cosas más extrañas. Combinen esto con un poquito de nostalgia, otro poco de insomnio y muchas ganas de gritar mientras el mundo duerme, y tienen un buen principio para un escrito. Casi como un Riff de guitarra en una Power Ballad.

Estuve de viaje en Buenos aires toda la semana pasada, lo menciono solamente para que tengan un marco de referencia. Estar en Buenos Aires no difiere en muchos detalles técnicos de cómo vivo acá en Rosario, pero estar allá te hace sentir como si tuvieras toda la libertad del mundo para hacer lo que desees, como si no tuvieras ni una puta responsabilidad siguiéndote los pasos todo el tiempo, como si cada pucho que te fumás no hiciera mella en tus pulmones. Buenos Aires me hipnotiza, me seduce y me narcotiza de la mejor manera, al mejor estilo que lo hace Rosario en algunos flashes.

Pero Rosario es un Viejo, Viejísimo Amigo. Voy y vengo por sus calles, viajo en esos colectivos que parecen subtes y tengo mil y un refugios en muchísimos hogares ajenos. Rosario es el mismo amigo que sé que voy a tener de acá a cincuenta años, cuando esté por morir o cuando esté totalmente dormido. Rosario es ese hermano que nunca va a estar ausente, esa ex-novia que siempre va a compartir mates conmigo.

Buenos Aires tiene otro nombre, otros olores y otros sabores, además de otro ritmo. Quien dijo que las Ciudades tienen su propio carácter y personalidad no estaba errado para nada, y el Viajero medio sabe esto.
Buenos Aires se me está rebelando cada vez más cómo ese rincón del mundo donde las leyes de la física y de mi razón no funcionan, aquel espacio donde todo es válido dentro de un marco completamente terrenal. Es el recreo de mi vida, y estoy orgulloso de compartirlo con la gente que amo y que está allá afuera en este mismo momento.

Me corrijo unos instantes: el recreo son los Viajes en general. Buenos Aires vendría a ser el Kiosko (gordo de mierda xD).
Donde duermo mientras estoy allá, fuera de ser un lugar excelente cuya estética me encanta y me fascina (además de la musicalización constante), posee un carácter y una presencia tan fuerte que mi salud pocas veces sale ilesa de su encuentro. Ya dije con anterioridad que las leyes del sentido común y las que rigen mi vida dejan de mandar en Buenos Aires, y es así; mientras estuve allá he sentido, soñado y vivido cosas que no sueño, siento o vivo aquí, o en otra parte. Buenos Aires tiene parte de ese pedazo de Rosario que parece demorado en los edificios viejos, en las tardes de Domingo y los mediodías en las Peatonales. Buenos Aires es Tanto jóven como vieja, y eso es lo que me fascina de ambas ciudades.

La Vejez y la antiguedad, el goticismo arquitectónico, las tradiciones y la grasa tercermundista de la que nos nutrimos es lo que engrasa y da sustento a la segundo fase, la juventud. La juventud es evanescente, es rápida, es dinámica. Es aquel ruido de multitudes que se siente en una plaza a la tarde, el olor que se percibe en un subte o los pasos apurados en una calle céntrica. Juventud es ser humano, mientras que Vejez es el paso y el sustento que el humano idea para si mismo. Si la Juventud es la Bisagra por el efecto del giro, la Vejez es la Grasa que permite que la Bisagra no se desgaste demasiado.

Mientras estuve en Buenos Aires, a merced del Vortex que regía donde yo dormía (estúpido yo, que olvidé tomar los recaudos necesarios), tuve sueños extraños y totalmente provistos de... Juventud. Digamos, Hacía un buen tiempo que no vivía tanto los sueños, como si fueran parte nuestra y mía.
El primero de los Sueños era algo repetitivo y poco original. Soñé con un Yo Animal, que perseguía una víctima que corría tanto como yo. Lo que más me quedó de ese sueño fue la sensación de caza, de depredar, la actividad física completamente libre, sin restricción, el devorar a mi víctima finalmente. La última imágen de ese sueño, casi como en Nosferatu, fue el alejrme para verme a mi mismo, sereno y oscuro, en la cima de un edificio impropio del mundo.
El segundo sueño prosiguió después de noches Blancas, o sea, noches de sueños ausentes y descanso esporádico. Este segundo sueño tenía dos partes, una más intensa que la otra.
Primero, soñé que una de las personas con las que estaba conviviendo me asesinaba, pero no sentía dolor, ni odio ni miedo. Ella estaba enfurecida, pero yo tenía una sonrisa tranquila en el rostro y tenía una sensación de paz anidada en el pecho de tal magnitud, que mientras ella me clavaba la espada en el pecho y atravesaba mi torso no pude hacer más que quedarme sereno allí. La segunda parte... es difícil de explicar, o relatar. Básica y sencillamente, yo era el Mar propiamente dicho, y sentía el oleaje (mi oleaje), el sol atravesándome y toda la vida bullendo dentro mío. La sensación de la que provenía (Paz total) fue trastocada por una un poco mayor, o igual pero diferente en calidad: la plenitud. Recuerdo que ese día desperté como si ya hubiera cumplido mi papel en vida, como si todo estuviera en su lugar y nada fuera imperfecto.

El Tercero de mis Sueños Ovillados (pues, creo, son de una misma madeja, que es la de toda esta experiencia de viajar) tuvo lugar el... ajetreado día que volví acá, a mi casa en rosario. Y digo casa porque ultimamente estoy cuestionandome mucho si esto sigue siendo mi hogar.
Soñé que volaba, lo cual siempre amo soñar porque te da la misma sensación de libertad que te da el viajar, el no depender de nada ni de nadie y a la vez, sentirte esa ligera mota de color único que le da la hermosura al mundo. Pero esta vez, mi vuelo era un vuelo triste, porque sabía (como quien sabe que morirá de cáncer), que alguna vez mis alas se cansarían y tendría que estrellarme contra el suelo, y vivir con los pies sobre la tierra, como todos tienen que vivir alguna vez.

No quiero dejar de volar. Estoy cansado de muchas cosas, y también desgastado por otros factores cuya relatividad le restan importancia al asunto. Nací para volar, y también me da por las pelotas que mucha gente que nació para volar se reserve el vuelo por miedo a sucumbir a las cadenas de la tierra. Me pudre que los que están debajo califiquen nuestro vuelo como algo inútil, falto en habilidad, técnica o razón. Hacía mucho que no me sentía así, pero supongo que este texto, más que lo regular que pasa por acá, es una catársis hecha palabras.

Y Rosario amanece con un mate dulce humeante y el termo debajo del Brazo.



Nunca dejen de volar. Nunca renuncien a su vuelo.


Amen lo que hacen y vivan por y de sus pasiones.

lunes, 13 de abril de 2009

Ultraterreno: De Solcisticios y Equinoccios



Hola otra vez! A contrarreloj para llegar a la Facu, empiezo a escribir Ultraterreno. Creo que lo voy a dejar para más adelante >_>

Nota; dicho y echo, empecé a escribir esta entrada el mismo día que la anterior, y recién hoy la terminé xD

La semana Pasada fue Semana Santa, y si bien planificaba escribir esto antes, los horarios y las corridas, plus la ocupación de la única PC por miembros de la familia y la restricción constante en su uso diario, hacen a veces la escritura un cúmulo de nervios forzados que no son más que eso: soliloquios vacíos, palabras grises que no dan mucho y quitan en demasía.

Así que hoy puedo sentarme serenamente y escribirles. Como bien dije en el párrafo anterior, Semana Santa tiene mucho que ver con este texto, y lo es a la sazón de que cobra una importancia relativa en la vida de casi todos. Por lo menos, los habitantes Argentinos que me leen sabrán que, sea o no su credo, tenemos dos días de feria todos los años gracias a este importantísimo Rito Católico. Ya sea por el tiempo de serenidad, ya sea por el espacio de reflexión; ya sea por el viaje, el ajetreo, el poder descansar en el comienzo de un año. La Semana Santa (mal llamada, a mis ojos) conlleva una carga de misticismo popular tan grande, que hasta el más inamovible de los hombres siente afectada su vida, ligera o bruscamente, de una u otra manera. Ya es sabido en mis escritos que las circuntancias pueden variar y que los eventos pueden disfrazarse tras muchas máscaras, y éste no queda exento para nada.

A lo que quiero llegar abordando este texto desde esta costa, es a señalizar la tendencia que tiene el hombre, como animal social-metafísico, de señalizar el comienzo, el fin o las grandes bisagras del tiempo con esta clase de rituales. Tanto Semana Santa, como el Receso Invernal, como el Receso de Verano, como Navidad, como el Fin de Año, más popular y abarcativo de todos. La pregunta que tendría que formularse es; Porque el Hombre tiende a ritualizar y a recordar estos hechos, que terminan siendo cicatrices temporales?

Una de mis actuales profesoras definió Ritual como Hacer Presente a las Divinidades, como hacerse receptáculo de esa realidad, de esa lógica y de ese mundo (abstracto a ojos ajenos); como traer a nuestros días, a nuestra cotidianeidad, a ese fragmento sagrado de sazón y mística. No solo coincido con esta definición, sino que agrego: el Ritual es la instancia en que el hombre recuerda su condición de hombre, mediante la mecánica de la rutina en que devienen algunas de estas fiestas o estos carnavales; es la manera del Hombre de decir "Soy Hombre. Necesito mi Mundo Mortal de Polvo, necesito mis Rituales, necesito mi Año de Doce Meses. Necesito un día que tenga noche, necesito una vida que tenga treinta inviernos, necesito caminar y sentir las estrellas en mi piel. Lo Necesito por mi propia sanidad Mental y Espiritual".

Saliendo de mi lado Filosófico-Poético con el cual abordo los artículos, terminaré agregando que cada uno conoce sus propios límites y sabe qué tanta verdad cobra ese pensamiento de la necesidad del ritual en su propia existencia, de la necesidad de rutina. Los más firmes creyentes probablemente me negarán y me refutarán usando su propia concepción, esto es, usando la Fe como Espada y Escudo. No los desautorizo cuando digo lo que dije con anterioridad; todo lo contrario, comprendo su probable miedo ante mi declaración. Todos tememos a lo desconocido, y la amenaza de que un ser humano quiebre la precaria seguridad de nuestra realidad con sus afirmaciones. Es la Voluntad y la Convicción de cada uno (sazonada de una buena apertura de mente, cabe decir) la que nos sirve como base inamovible. Cada uno sabe qué Mundo Habita, por el solo hecho de existir.

A los que no sean de carácter religioso/místico, u odien los relatos que puedan considerar Fantásticos o increíbles, recomiendo abandonar la lectura ahora =P

Introduciéndome más en el Lado Metafísico de Ultraterreno, diré y contaré mi propia experiencia desde mis propios testimonios a priori. Creo en muchísimas cosas y en muchísimos sistemas religiosos como para enumerarlos todos (quizás algún día lo haga, pero no ahora. Tampoco le veo la gracia o el objetivo), pero creo que si me tuviera que definir de alguna manera sería como Pagano. Soy una suerte de aprendiz de Chamán, errante cuando la voluntad y el dinero me empujan a viajar, y amo la intensa vida espiritual que llevo. Es una faceta mía sin la que, creo, pudiera sobrevivir. Ahora mismo quisiera poder recibir las iniciaciones necesarias, pero todavía es muy temprano en mi camino para eso.

Este Domingo, y aprovechando la concentración y la agitación que estaba presente en la comunidad espiritual, realicé mi Saludo al Solsticio de Verano y al Equinoccio de Invierno, necesario de hacer en algún momento del año como aquellas "Bisagras o Cicatrices Temporales" de las que hablaba antes. Como la manera que más me agrada de ofrecer sacrificios y de performar mis rituales es con fuego, ejecuté el Rito de la Lengua de Fuego, que jamás había hecho antes y que quería hacer desde hacía bastante tiempo.
Cuando realicé el gesto significativo para entrar en comunión con el Otro Lado, es increíble la sensación de Plenitud y Sobrecogimiento que me invadió. Puedo testimoniar, tranquilamente, que sentía una energía tan poderosa en mi pecho, circulando furiosamente entre los tres chakras que están alojados en el torso, que casi sentía como si la misma hoguera que tenía delante mío se hallara dentro de mí. La Comunión duró lo necesario, y cuando hubo terminado me sentí tan colmado de Paz, Seguridad y Energía que decidí realizar algunas ataduras de protección en casa. No tiene caso definirlas, pero quiero asegurarles esto: puedo y voy a testimoniar (lo estoy haciendo ahora) lo que pude pasar.

Con el Testimonio (quizás burdo, quizás algo innecesario) solo quiero lograr esclarecer ese punto que decía antes, con una ejemplificación. Básicamente, para el creyente las Bisagras o las Cicatrices que se repiten en el tiempo son necesarias y se viven con una intensidad tal, que solo puede compararse con otra experiencia espiritual. Quizás algunos se vayan decepcionados de este texto; yo mismo no estoy muy satisfecho con él, pues siento que el mensaje está mal plasmado y termina siendo confuso.
Pero bueno, errar es humano, y cuando escribo suelo abusar de mi condición de humano

Un abrazo a todos, y hasta el Próximo Ultraterreno

El Pan de cada Día: Vicios y Costumbres


Buenas buenas, primera escritura de Abril >.< style="font-weight: bold;">no hay razón por la cual no puedas sonreír hoy.


Ya se, dos cosas antes de terminar; si, estoy MUY Hippie, pero por si no lo notaron, termina siendo denominador común de la gran mayoría de mis escritos de este tipo.
Y la otra cuestión, Hasta que punto llevar la máxima de la felicidad (incluyendo que se pase por encima de otro hombre), la pienso atender la próxima vez.

Ahora si, reflexionan y díganme; tienen su Pan de Cada día en la Mesa?