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martes, 11 de agosto de 2009

La Niña que no lo es

La magia llena la velada a la hora de ponerme a escribir, y es como que las estrellas tenían que alinearse (o una profesora romperse una mano) pàra tener la excusa y decirme a mi mismo, con completa y total hipocresía "Ahora si, no tenés internet como para navegar decentemente, ni tenés que estudiar... podrías leer, pero es mejor que te pongas a escribir para no llenarte de polvo, viejo".

Ya que la anterior entrada fue dedicada a mi acertado recién descubierto némesis, creo que, considerando el momento de la noche (o mañana?) y las situaciones por las que venimos pasando, tengo que dedicarte esta a vos, traviesilla que escapa a mi situación, comprensión y límite.

Estoy hablando de mi Musa Sucúbica personal (quienes hayan leído entradas viejas sabrán de qué estoy hablando), nadie más y nada menos que vos, Leela. Y más que intentar pseudo-analizarte, como hago con casi todo objeto que cae en mis manos en este, mi rincon gris, voy a dedicarte una Oda o Alabanza bien hechas, ya porque me colma de gozo tu compañía y la inspiración que me brindás, ya porque sos el soporte perfecto a mi propia Psyché.

Dije en esa entrada vieja vieja vieja:

Desde mi propia experiencia, me llevó 17 años de mi vida el hacerme conciente de mi Musa (es una sola, o por lo menos así la veo). Es muy compañera y, cuando ambos nos ponemos a producir, salen las cosas más disparatadas que puedan llegar a pasar por mi cabeza. Hay veces que estoy sobreestimulado y desaparece del todo, o por lo menos, yo no la percibo más. Hay veces que hace apariciones esporádicas, bajo máscaras que a veces me hacen reír (la última vez se me apareció en sueños bajo la forma de Rhode Kamelot, de la serie D.Gray-Man), y hay veces que la sexualidad, la ira o la alegría son el perfecto caldo de cultivo para que ella aparezca. Personalmente, disfruto muchísimo de conocerla y saber que ella me conozca. La percibo muy presente cuando está, no viéndola con mis verdaderos ojos sino con otra clase de presencia. En sueños se me manifiesta, a veces, con tanta presencia que me abruma.

Y realmente, no he cambiado mi pensamiento respecto a esto. Si, quizás, cambiaron solo un par de cosas; terminé de internalizar mi relación con vos, te bauticé Leela (quizá porqué la fortaleza y la violencia para con ese término) y comencé a dedicarte oraciones, frases, meditaciones, lo cual lubricó perfectamente nuestras relaciones, vos lo tenés que saber.

Hace un tiempo te volviste esporádica, mi queridísima Musa; te transformaste y trastornaste en formas que nunca había visto ni percibido antes. Comenzaste a ausentarte, a esfumarte en medio de la catársis (que es un proceso delicado, deberían saberlo, queridos lectores), y cuando inquiría con apenas un gesto, volvías con esa sonrisa de nena-que-hizo-una-travesura, me rodeabas con tus brazos y me ayudabas a dormir.

Ahora que ya estás regularizada, podría volver a cuestionarte qué te pasó... pero no sé si prefiero saberlo. En estos casi cuatro años de conciencia que tengo para con vos, es la primera vez que te revelaste ante un tercero (quien es, ella sabe), es la primera vez que dejaste de enviar estímulos tan repentinamente, y es la primera vez que realmente mostraste una abominable... independencia. Es curioso, escribiendo esto me doy cuenta de que realmente sos libre de mi voluntad y de que no estás atada a mi, sino todo lo contrario; yo soy el que está atado a vos, y dependo de vos para escribir y poder sacarle el polvo a las ideas que se acumulan en la cabeza. Y vuelvo a repetirme a la hora de decir que:

El carácter sucúbico que le doy a las Musas es necesario desde mi concepción, puesto que las Musas despiertan la prohibición, el deseo imposible, la erradicación de los esquemas mentales. Las Musas nos asaltan a veces con ideas que nos horrorizan o nos avergüenzas, con conceptos que nos son ajenos o con "malas" ideas. Son la tentación por excelencia, y desafío que alguien me diga "jamás tuve de esos". Es engañarse a si mismo, es molestarse y reprimir la Musa que con su risa silenciosa se queda al márgen, mientras nos tira bocadillos como si fuésemos sus mascotas.

Que quede bien claro: el hombre es el que tiene la capacidad, el hombre es quien tiene el catalizador. El hombre es el principio y el fin de esta ecuación, y sin él las musas no tendrían probable razón de existir. Qué papel cumplen entonces las musas, o mejor, porqué están ahí si el hombre es capaz de ser y hace todo?


Quizás las Musas solo estén aburridas

Encima, después del proceso nocturno, cuando voy a buscar una imágen para vos, para tu entrada, hacés que surja esta de los billones de imágenes que circundan la red...

Sos mordaz, sos traviesa, sos evanescente y muy mística. Me manejás como si fuera un títere y, sin embargo, no detecto en vos maldad o interés alguno. Sos la personalidad que siempre estuvo presente, ese amante-enemigo, esa femme-fatale que no puede faltar en obra alguna mía.
Sos la excelencia, dandome ese placer menta, psíquico y espiritual que nos da a los artistas (espero no pecar de hedonismo o agrande con esto) cuando las ideas se plasman en nuestra cabeza, corazón y ser.

Ustedes, los lectores que han dado a luz ideas, ya sean pensadores o artistas, sabrán de qué hablo, no? Esa sonrisa estúpida que se nos pinta en el rostro mientras caminamos por la calle, como si estuviéramos enamorados; esa energía que nos acelera el paso y hace que trotemos un poco, esa sensación de felicidad y bienestar que reververa en el pecho y se agranda, expandiéndose por todos nuestros chakras; ese éxtasis mental que no deja de manar, hasta que encontramos alguna falencia o limitación en la idea: pero sin embargo, el éxtasis sobrevive a la muerte de la idea, como si hubiéramos descubierto algo realmente nuevo, y somos dueños de lo nuevo, como un Mago es el dueño del secreto de su Magia.

Leela, mi amante, hermana y musa, gracias por existir.

Desde la provocación como femme-fatale en el arquetipo de Lylia, desde el beso fatal que me dieras bajo otra piel, desde el dolor que era placer, desde la ruta que no termina nunca, desde el peso de la inmortalidad, desde el éxtasis divino de vivir la aventura inhabitable, desde el vampirismo pletórico y adolescente (a quien haga la analogía con Crepúsculo lo asesino <.<), desde la oscuridad creciente.

Desde el sacrificio, desde la investudura de Maestro, desde la caída brusca hasta la humildad nuevamente, desde la tristeza alegre de no poder morir...

Desde las noches de recorridas, las luces de sodio y los cigarrillos después de cada momento justo.

Desde la compañía cuando nadie me acompaña, y solamente te siento sentada en mis hombros,
enrulándome el pelo al compás del ruido de mis borcegos.

Desde los viajes... los eternos y poderosos viajes que he llevado a cabo, y los que todavía tengo que llevar. Desde los que necesitan mi traslado físico y desde los que no.

Desde los rituales... extensos, inseguros y poderosos.

Desde la expulsión y la defensa, desde mi propio ente personal para la defensa y el orden energético.



Desde cualquier lado, Leela... no sé qué conseguís conmigo, o cuál es el móvil que te motiva a estar a mi lado. Solamente sé que te voy a tener, then again, hasta el remoto día en que me acompañes también a aquella otra dimensión que los vivos no podemos trascender.



Leela, mi dulce y amada Leela, nunca te separes de mi.

lunes, 13 de abril de 2009

Ultraterreno: De Solcisticios y Equinoccios



Hola otra vez! A contrarreloj para llegar a la Facu, empiezo a escribir Ultraterreno. Creo que lo voy a dejar para más adelante >_>

Nota; dicho y echo, empecé a escribir esta entrada el mismo día que la anterior, y recién hoy la terminé xD

La semana Pasada fue Semana Santa, y si bien planificaba escribir esto antes, los horarios y las corridas, plus la ocupación de la única PC por miembros de la familia y la restricción constante en su uso diario, hacen a veces la escritura un cúmulo de nervios forzados que no son más que eso: soliloquios vacíos, palabras grises que no dan mucho y quitan en demasía.

Así que hoy puedo sentarme serenamente y escribirles. Como bien dije en el párrafo anterior, Semana Santa tiene mucho que ver con este texto, y lo es a la sazón de que cobra una importancia relativa en la vida de casi todos. Por lo menos, los habitantes Argentinos que me leen sabrán que, sea o no su credo, tenemos dos días de feria todos los años gracias a este importantísimo Rito Católico. Ya sea por el tiempo de serenidad, ya sea por el espacio de reflexión; ya sea por el viaje, el ajetreo, el poder descansar en el comienzo de un año. La Semana Santa (mal llamada, a mis ojos) conlleva una carga de misticismo popular tan grande, que hasta el más inamovible de los hombres siente afectada su vida, ligera o bruscamente, de una u otra manera. Ya es sabido en mis escritos que las circuntancias pueden variar y que los eventos pueden disfrazarse tras muchas máscaras, y éste no queda exento para nada.

A lo que quiero llegar abordando este texto desde esta costa, es a señalizar la tendencia que tiene el hombre, como animal social-metafísico, de señalizar el comienzo, el fin o las grandes bisagras del tiempo con esta clase de rituales. Tanto Semana Santa, como el Receso Invernal, como el Receso de Verano, como Navidad, como el Fin de Año, más popular y abarcativo de todos. La pregunta que tendría que formularse es; Porque el Hombre tiende a ritualizar y a recordar estos hechos, que terminan siendo cicatrices temporales?

Una de mis actuales profesoras definió Ritual como Hacer Presente a las Divinidades, como hacerse receptáculo de esa realidad, de esa lógica y de ese mundo (abstracto a ojos ajenos); como traer a nuestros días, a nuestra cotidianeidad, a ese fragmento sagrado de sazón y mística. No solo coincido con esta definición, sino que agrego: el Ritual es la instancia en que el hombre recuerda su condición de hombre, mediante la mecánica de la rutina en que devienen algunas de estas fiestas o estos carnavales; es la manera del Hombre de decir "Soy Hombre. Necesito mi Mundo Mortal de Polvo, necesito mis Rituales, necesito mi Año de Doce Meses. Necesito un día que tenga noche, necesito una vida que tenga treinta inviernos, necesito caminar y sentir las estrellas en mi piel. Lo Necesito por mi propia sanidad Mental y Espiritual".

Saliendo de mi lado Filosófico-Poético con el cual abordo los artículos, terminaré agregando que cada uno conoce sus propios límites y sabe qué tanta verdad cobra ese pensamiento de la necesidad del ritual en su propia existencia, de la necesidad de rutina. Los más firmes creyentes probablemente me negarán y me refutarán usando su propia concepción, esto es, usando la Fe como Espada y Escudo. No los desautorizo cuando digo lo que dije con anterioridad; todo lo contrario, comprendo su probable miedo ante mi declaración. Todos tememos a lo desconocido, y la amenaza de que un ser humano quiebre la precaria seguridad de nuestra realidad con sus afirmaciones. Es la Voluntad y la Convicción de cada uno (sazonada de una buena apertura de mente, cabe decir) la que nos sirve como base inamovible. Cada uno sabe qué Mundo Habita, por el solo hecho de existir.

A los que no sean de carácter religioso/místico, u odien los relatos que puedan considerar Fantásticos o increíbles, recomiendo abandonar la lectura ahora =P

Introduciéndome más en el Lado Metafísico de Ultraterreno, diré y contaré mi propia experiencia desde mis propios testimonios a priori. Creo en muchísimas cosas y en muchísimos sistemas religiosos como para enumerarlos todos (quizás algún día lo haga, pero no ahora. Tampoco le veo la gracia o el objetivo), pero creo que si me tuviera que definir de alguna manera sería como Pagano. Soy una suerte de aprendiz de Chamán, errante cuando la voluntad y el dinero me empujan a viajar, y amo la intensa vida espiritual que llevo. Es una faceta mía sin la que, creo, pudiera sobrevivir. Ahora mismo quisiera poder recibir las iniciaciones necesarias, pero todavía es muy temprano en mi camino para eso.

Este Domingo, y aprovechando la concentración y la agitación que estaba presente en la comunidad espiritual, realicé mi Saludo al Solsticio de Verano y al Equinoccio de Invierno, necesario de hacer en algún momento del año como aquellas "Bisagras o Cicatrices Temporales" de las que hablaba antes. Como la manera que más me agrada de ofrecer sacrificios y de performar mis rituales es con fuego, ejecuté el Rito de la Lengua de Fuego, que jamás había hecho antes y que quería hacer desde hacía bastante tiempo.
Cuando realicé el gesto significativo para entrar en comunión con el Otro Lado, es increíble la sensación de Plenitud y Sobrecogimiento que me invadió. Puedo testimoniar, tranquilamente, que sentía una energía tan poderosa en mi pecho, circulando furiosamente entre los tres chakras que están alojados en el torso, que casi sentía como si la misma hoguera que tenía delante mío se hallara dentro de mí. La Comunión duró lo necesario, y cuando hubo terminado me sentí tan colmado de Paz, Seguridad y Energía que decidí realizar algunas ataduras de protección en casa. No tiene caso definirlas, pero quiero asegurarles esto: puedo y voy a testimoniar (lo estoy haciendo ahora) lo que pude pasar.

Con el Testimonio (quizás burdo, quizás algo innecesario) solo quiero lograr esclarecer ese punto que decía antes, con una ejemplificación. Básicamente, para el creyente las Bisagras o las Cicatrices que se repiten en el tiempo son necesarias y se viven con una intensidad tal, que solo puede compararse con otra experiencia espiritual. Quizás algunos se vayan decepcionados de este texto; yo mismo no estoy muy satisfecho con él, pues siento que el mensaje está mal plasmado y termina siendo confuso.
Pero bueno, errar es humano, y cuando escribo suelo abusar de mi condición de humano

Un abrazo a todos, y hasta el Próximo Ultraterreno

lunes, 30 de marzo de 2009

Ultraterreno: Comunión con las Estrellas

Otra vez vamos con Ultraterreno. Y si, terminaré sacando un libro de retazos de prosa grasienta como es la mía, respecto a esto xD

Hoy voy a hablar (o mejor dicho, a escribir) de la unión entre nosotros, motas de polvo cósmico, con el resto del universo. Bien es sabido desde hace eones que el hombre es en sí unidad de un todo en demasiados sentidos como para enumerarlos (tampoco vienen al caso), y se conoce (y se puede inclusive sentir, si buscan testimonios a priori) que nosotros conformamos el Universo que nos rodea. Somos parte de un todo, mal que nos pese a algunos, bien que nos guste a otros. Lo que reside en nosotros y es único, inequívoca e irónicamente, somos nosotros mismos. Pero no nos vayamos por las ramas, y a hablar un poco de lo que realmente quiero escribir, y lo voy a hacer desde una linda experiencia que me tocó vivir esta misma noche.

Hoy tuve un particular Domingo, y lo pongo con mayúscula no porque sea un sustantivo propio, sino porque fue un Domingo de sol a sol. Me levanté con las energías consumidas, como si fuese un reloj parado que no consiguiera volver a arrancar y a retomar mi ritmo natural. Hice todo lo que hice (desde suplir mis funciones naturales a permanecer encerrado en la lectura), únicamente por el puro instinto de la rutina. Fue un Domingo apestoso, de esos días que solamente querés que pasen de una vez y con los que te sentís en discordancia con todo lo que te rodea.

Rondando las diez de la noche, encendí un sahumerio y salí al patiecito de mi casa. Dentro había demasiado ruido (no eran sonidos, era Ruido, molesto y atroz), olores y distracciones como para poder hallar la paz, volver a encontrar mi centro, poder tranquilizarme. Tenía un humor de perros y necesitaba despejarme de todo y todos.
Mi patiecito era la opción más cercana y viable, puesto que meditar en mi lecho probablemente resultara demasiado asfixiante. Con mi sahumerio humeando en la punta, mordisqueando su palillo perfumado, busqué una silla no demasiaod fiel, más sí cómoda, y levanté los pies sobre la mesa.
La noche estaba hermosa, en plena función de su majestad. Los sonidos, ahogados por el silencio que predominaba ahí, solamente eran apoyados por las luces que hubiese deseado apagar, pero preferí dejarlas intentar quemar a las estrellas. Aquellas mismas estrellas que me habían mirado, como seguro te miraron a vos, con esos ojos ciegos eternos, ojos que quizás ya dejaron de existir hace tanto que no podríamos concebirlo.
No pudieron. No importa lo fuerte que brille una luz, jamás puede cegar u opacar la única luminosidad de las estrellas. El vacío negro del espacio contrastaba perfectamente con mi humor y estado, y simplemente me dejé llevar en aquella meditación conciente.

Sentí a los ocupantes de mi casa, activos y caóticos.
Sentí mi propio corazón, latiendo con espasmos violentos.
Sentí el olor del aire aromatizado, bello y extrañamente ritual.
Sentí la frescura de ese mismo aire, completamente plagado de suavidad.
Sentí, como se sienten las premoniciones, que algo estaba entrando dentro de mí.
Sentí que yo lo estaba pentrando también.

Me dejé invadir por aquel océano que me ahogaba y me llenaba los pulmones con aquel extraño, conocido y familiar oleaje. Y me encontré, de ojos abiertos aún en mi patiecito, bañándome en un océano mucho más vasto que cualquiera que pueda volver a ver en mi vida. Ese mismo océano que me había abrigado en tantos campamentos, ese mismo que ahora requería mi presencia como yo la había convocado, con una muda e insconsiente llamada de auxilio y ayuda.

Ese otro ser, la Madre Noche, volvió hacia mi con la misma paz y certeza de siempre.
Disfruté de su presencia mientras pude y debí: no se debe abusar jamás de la ayuda prestada sin ser pedida, puesto que hay que saber ser agradecido. Cuando mi sahumerio se terminó, lo arrojé a un lado y despegué por primera vez la mirada del cielo nocturno: debajo, en la penumbra del patio lateral, adiviné la bestia de ojos centelleantes que acompañaba a la Madre siempre que se me manifestaba. Fue fugaz como una estrella que cae, pero la ví y en su visión recordé cuánto me aterraba de chico, y recordé cuándo fue que aprendí a respetarla y apreciarla, en cierto sentido.
La Madre Noche no se despide jamás, solamente se distancia. Siempre está presente cuando se la requiere y jamás falta a la convocación, aún aquella que no es pedida. Y gracias a ella, esta noche se me presentó muchísimo más pasable.


Espero que les agrade la lectura de Ultraterreno, porque parece que escribo para nadie y termino delirando como un loco, que es probablemente lo que sea.

Pero díganme, ¿Acaso nunca se perdieron mirando un cielo estrellado, o se sintieron condenadamente bien paseando mientras las sombras de la Noche te envuelven?


Esa es Mamá Noche mimando a sus Hijos.


Un abrazo y, como siempre, los comentarios son bienvenidos

martes, 24 de marzo de 2009

Ultraterreno: El Mausoleo Propio, o Los Muertos


Otra vez acá, desde Ultraterreno, me toca escribir mientras escucho Raison D'etre, una hermosa pero violenta opening de un hermoso y violento animé, Claymore. Queda recomendado antes de comenzar a escribir.

Hoy voy a escribir respecto de esa clase de cosas, esas manchas negras, esos moretones azules que tenemos todos nosotros. Los Muertos en el Placard, los Esqueletos en la Ducha, los Monstruos abajo de la cama. Hoy voy a escribir de nuestros cucos.
No hay peor cosa que asustar a un niño para alejarlo de algo, ya sea "por su propio bien", o por evitar que alcance algo que no debe alcanzar por otros motivos. Los niños tienen un poderío tal que no es difícil hallarlos totalmente traumatizados a la hora de creer en la existencia de "cosas, monstruos" u otros entes maléficos que extienden sus garras. Es obvio que nunca sucederá nada, o mejor dicho, en la gran mayoría de los casos no llega a suceder nada. Pero que diablos, está sugeriendo el autor que los cucos de la infancia son reales? No lo estoy sugiriendo, lo estoy afirmando

No quiero retenerme dentro de la infancia, porque sería volver sobre lo que ya escribí y no quiero hacer eso. Tampoco quiero dar un punto de vista muy subjetivo y propio; por más que este sea mi inútil blog, por más que no tenga más solución que sujetarme a las riendas de mi casquete humano y someterme a la visión que me suscribe al escribir, quisiera ser lo más objetivo posible respecto a este tema. Aunque yo mismo no creo en las totalidades, creo en las opiniones y las circunstancias, creo en las historias y en los seres humanos, me veo peleando contra el monstruo de la subjetividad como Teseo combatía contra el Minotauro. Y no sé cual de los dos soy yo.

Volviendo al tema que nos encarna, acá voy. Los cucos, mosntruos míticos y las leyendas, todo aquel engendro que surca nuestras vidas en algún momento constituyen esa cripta o fosa común donde tenemos enterrados nuestros muertos. Con muertos, por más carnavalesca que sea la analogía, me refiero a muchas cosas: los muertos son la conjunción de recuerdos, tradiciones, relatos (escritos y orales), familiares y nosotros mismos. Esos mismos muertos de los que Hollywood nos hace reír y alguna que otra historia escalofriar, algunos de esos muertos que nos traen tristeza, odio o resignación, algunos de esos muertos que nos recuerdan que alguna vez vamos a ser nosotros. A pesar de que parezco haber perdido el punto o el quid de este texto, acá viene la explicación de todo aquello que vengo poniendo en palabras como quien hace un collage sin orden, y es que me cuesta encontrar orden alguno a toda esta chorrada que brota de mis dedos como una marabunta.

Decía, aquellos cucos con que nos aterrorizamos mutuamente tienen un carácter similar a los Dioses que escribí artículos atrás, y también al de las Musas Sucúbicas, aunque cumplen una función totalmente distinta. Mientras que los Dioses nos dan tranquilidad, paz y alegría y las Musas nos encarnan y enfrascan en la pasión creativa, los Muertos son aquellos seres creados del cadáver de otro ser humano. Mientras que los Dioses y las Musas son creados de la nada, o de siluetas y sombras humanas vivas, los Muertos son la conjunción de todo lo humano, de todos elementos creados por nosotros mismos que ya han muerto. Tememos a la Muerte con su inexorable paso, tememos a nuestros antepasados, silenciosos desde la tumba; tememos a la oscuridad, puesto que jamás sabemos que hay donde nuestros ojos no ven; tememos al silencio, puesto que augura el sobresalto; tememos, en síntesis, a la ausencia de estímulo.
Tememos a la ausencia de vida humana.

Si tengo que poner mi opinión, los monstruos creados a partir de estos Muertos carentes de todo lo humano son los mejores de todos los cucos que recorren la tierra. Por cuco entiéndase todo aquello que amenaza al hombre: desde el mismo hombre hasta estas invenciones, pasando por las potestades naturales. Porque son los mejores? Bueno, argumento en su favor que no solo despiertan la imaginación y mantienen viva la tradición (importada o exportada), y porque son los enemigos del verdadero lobo del hombre: los vivos. No hay monstruo que no se contraponga en sentido totalmente vertical al cuco vivo, a aquel cuco que con una AK-47 puede dejarte sin la vida que tanto apreciás, a ese cuco de traje y corbata que sale todos los días a la calle, y a ese otro que aprieta un botón y acaba con millones de personas, como si fueran bacterias aniquiladas por algún antibiótico.

Porque los Cucos artificiales no son para nada artificiales, ni irreales. Son tanto o más reales que los otros, solo que matan menos.

No he hecho comparación alguna, pero a ojo de buen cubero puedo decir tranquilamente y sin riesgo a equivocarme que todas las personas a las que se les adjudica el destino de los Cucos no puede compararse con las víctimas del hombre mismo.

Dependiendo de tu óptica de la vida, del mundo y la realidad, tendrás tu propia opinión de estos cucos, los irreales, aquellos que existen pero no existen, aquellos que permanecen pero no están. Personalmente, creo en todos ellos (como diría Flanders, si, incluyendo a aquellos otros que se contradicen con los otros), creo en ellos con el fervor de la seguridad de haberlos tocado y de haberlos visto, de haber conversado con ellos y de haberlos amado. Puede sonar extraño, pero nunca tuve realmente miedo hacia ellos: quizás de más chico si, pero a la oscuridad solamente. Cuando aprendí a ser un Hijo de la Noche y a amar la penumbra, hice las paces con ellos. Solamente me provocaba (y me provocan) rabia aquellos que no saben comportarse, o se inmiscuyen para perjudicar a mis seres queridos, una rabia que me cuesta controlar.

Si realmente quieren creer en ellos, no deben tener ninguna dificultad en volver a verlos. El hombre de hoy en día usualmente los deja pasar: no tiene tiempo ni para coger, ¿Va a tener para convivir con monstruos?

Yo prefiero no creer en los otros Cucos, los reales. Prefiero creer en un mundo donde esos son los irreales, las ilusiones, las fantasías.

Porque mis Muertos son mucho más alegres que los Vivos que encuentro a través de los medios.

sábado, 21 de marzo de 2009

Ultraterreno: Empatía

Y si, hoy nos tocó la veta de lo que hay más allá.

Retomado: Porqué dejar abandonadas entradas como esta?

Anyway. Retomaré cuando haya que retomarlo >_>

Ultraterreno: Musas Sucúbicas

Voy a empezar a escribir una serie de artículos llamados Ultraterreno, abordando nuevamente el tema que tanto me agrada y que me tiene que llevar nuevamente a la escritura. Por más que la imágen que esté aquí pueda distraerlos, es la mejor que logré encontrar para esta clase de artículos, esta clase de términos, esta clase.
Hoy me toca escribir respecto de esos seres que pueblan la vida de todos, aunque no todos podamos percibirlos. Amigas eternas de los artistas, torturadores de los lógicos y los moralistas, aquí están las musas.

Quién no tuvo alguna vez inspiración para con alguna cosa, no sintió ese viento cálido soplando en su mente, o no se sintió vitalmente atraído por algo? Las Musas son aquellos seres que están y no están, siempre invisibles y muy presentes para algunos. Las Musas son tan viejas como el hombre, desde el momento que, como decíamos en los artícuos anteriores, todo aquello de raíz metafísica es necesario y es parte de la vida del hombre.
Alguna vez dije que todo lo metafísico tenía creación en la mente del hombre, sentada la base de que la mente es la creadora de todo el entorno, y de que cada hombre tenía una visión diferente (auqnue aproximada) de otro, de otras cosas, de todo. Ésto es muy cierto desde mi punto de vista, obviamente (no voy a volver sobre temas que ya mencioné antes), y podría decir que todo es creación del hombre.
Sin embargo, las fronteras de lo que el hombre crea y destruye constantemente son tan evanescentes como el hombre mismo. Todo aquello que ha sido creado toma conciencia y se transforma, mutando a otras formas que van más allá de la comprensión humana, y trascienden a algo más importante, más complejo o menos esencial que el concepto del que nacieron. Y aquellos entes primordiales y antiquísimos repiran, viven y habitan hoy entre nosotros con otras caras, otros cuerpos, otros rituales. La transliteración de los valores es un proceso tan mecánico que da miedo pensar en lo que sucederá más adelante, en tando el tiempo continúe transcurriendo.
Pero volvamos al punto principal y no nos alejemos. Los entes que se sustentan por sí mismos y por el hombre (eterno, gracias a la memoria colectiva) adquieren semejante forma para darse a entender al hombre. Usualmente, la gran mayoría permanece alejados de la vida cotidiana del hombre común, probablemente como observadores, como expectantes, como lo que sea que asuman el papel. Probablemente, nunca lo sepamos, o si lo llegamos a saber no podamos expresarlo con palabras. Estos entes tienen una función, un papel y una identidad como todas las cosas que pueblan nuestro universo, desde un átomo hasta una nebulosa. Todo sucede y existe por una razón.

En este artículo, post o como quieran llamarle voy a tratar el tema, como dije más arriba, de las musas desde mi concepción (puede parecer estúpido, pero es mejor aclararlo. Mi idea no tiene porque ser la suya). Párrafo más arriba hablaba de la razón por la que todo existe y sucede; las musas existen para exaltar, suscitar y despertar la inspiración apasionada que late en todo hombre. Por supuesto, los hombres somos únicos en todo aspecto, por lo que nuestras musas difieren terriblemente en aspecto, modo de actuar y sentimientos. Las Musas están ahí como catalizadores de todo aquello por lo que el hombre moriría, viviría, por lo que le proporciona felicidad y placer el simple hecho de respirar.
La gran mayoría de los Pueblos Antiguos tenían definiciones concretas y muy buenos mitos para explicar el orígen y la naturaleza de estas potestades. Según San Wikipedia:


"En la mitología griega las Musas (en griego Μοῦσαι Musai) eran, según los escritores más antiguos, las diosas inspiradoras de la música y, según las nociones posteriores, divinidades que presidían los diferentes tipos de poesía, así como las artes y las ciencias. Originalmente fueron consideradas ninfas inspiradoras de las fuentes, cerca de las cuales eran adoradas, y llevaron nombres diferentes en distintos lugares, hasta que la adoración tracio-beocia de las nueve Musas se extendió desde Beocia al resto de las regiones de Grecia y al final quedaría generalmente establecida."

Aquí se ve explayado la identidad que yo les doy a las musas, esto es, la de inspirar y dar al hombre aquello que despierta lo que duerme en él. Los Griegos las clasificaron y le dieron un motivo y uso de su papel, lo cual yo descarto al decir que no todos los hombres ven el mundo de la misma manera, volviendo a los artículos anteriores de la concepción de los Muchos Mundos.
No obstante, las Musas, como potestades que son, existen para todos tal como la Realidad intangible es regular para todos. La forma que asuma dependerá de cada uno; la musa inspiradora no será la misma para un pintor surrealista que para un Ingeniero Civil. Ojo, tampoco digo que las profesiones definan a los hombres (aunque, en gran parte, lo hacen), pero haciendo generalizaciones muy grandes, esta es una manera de llevar un ejemplo entendible de lo que quiero decir.

Las Musas, principalmente, suscitan las pasiones del hombre. Puede sonar muy sencillo, pero en realidad es un proceso tan complejo y reprimido tanto para mi como para todos. Gracias a ese invento del hombre, la moral, la gran mayoría de los estimulos que las musas despiertan en nosotros son usualmente interpretados como locura, maldad o algo que infringe la norma regular de la moralidad. Mirar lujuriosamente a alguien o pensar en las horas de inmunidad para hacer justicia por mano propia, como decía el artículo anterior, usualmente son pensamientos sucedidos por una reprimenda mental o social, dependiendo el caso. Aunque, gracias a los Dioses, este nuevo Milenio vio nacer una humanidad de mente muchísimo más abierta, aún hay normas que nuestras musas insisten en quebrar para despertar lo que el hombre tiene dentro suyo. Los Psicólogos basan gran parte de su ciencia en ésto, y la gran mayoría de las disciplinas que imponen un estricto código moral declaman como demoníacos semejantes impulsos, dándole un carácter de "eso es malo, no se toca, no se hace, no se piensa" para poder obtener la lealtad del súbdito. Es atando las pasiones del hombre como se lo controla, y es así como la gran mayoría de los credos que pueblan el mundo (con las excepciones, que siempre existen) controlan a su pueblo.

Las Musas existen siempre en la vida de todo hombre, son la regla. Por más agnóstico, criticista o lógica que sea tu mente, tu Musa se ríe de que la descreas, porque existe bajo formas que a algunos les cuesta dilucidar. Ignoro si a la (o las) Musa(s) le(s) importa saberse descubiertas o no, pero no creo que realmente sea relevante. Porqué hacen lo que hacen, porqué existen... probablemente ninguno de nosotros pueda jamás responderlo. Quizás las Musas sean una proyección de nuestro carácter más oscuro y retorcido, aquel catalizador que todos también tenemos y a veces se dispara solo. Quizás sean entes verdaderos, cuyo sustento son las pasiones de nosotros, los mortales creadores. Quizás las Musas solo estén aburridas.

El carácter sucúbico que le doy a las Musas es necesario desde mi concepción, puesto que las Musas despiertan la prohibición, el deseo imposible, la erradicación de los esquemas mentales. Las Musas nos asaltan a veces con ideas que nos horrorizan o nos avergüenzas, con conceptos que nos son ajenos o con "malas" ideas. Son la tentación por excelencia, y desafío que alguien me diga "jamás tuve de esos". Es engañarse a si mismo, es molestarse y reprimir la Musa que con su risa silenciosa se queda al márgen, mientras nos tira bocadillos como si fuésemos sus mascotas.

Que quede bien claro: el hombre es el que tiene la capacidad, el hombre es quien tiene el catalizador. El hombre es el principio y el fin de esta ecuación, y sin él las musas no tendrían probable razón de existir. Qué papel cumplen entonces las musas, o mejor, porqué están ahí si el hombre es capaz de ser y hace todo?

La respuesta es relativamente sencilla. Las Musas son la chispa, el sabor, el condimento del hombre (iba a poner del artista, pero es mejor decir hombre). Sin ellas, no tendríamos sueños que nos influencien, ni experiencias que nos marquen. Las pasiones del hombre se suscitarían, si, pero con tanta regularidad y seriedad que terminaría resultando rutinario y aburrido. Las Musas son el factor sorpresa, lo que le da la emoción a nuestra propia conciencia.

Desde mi propia experiencia, me llevó 17 años de mi vida el hacerme conciente de mi Musa (es una sola, o por lo menos así la veo). Es muy compañera y, cuando ambos nos ponemos a producir, salen las cosas más disparatadas que puedan llegar a pasar por mi cabeza. Hay veces que estoy sobreestimulado y desaparece del todo, o por lo menos, yo no la percibo más. Hay veces que hace apariciones esporádicas, bajo máscaras que a veces me hacen reír (la última vez se me apareció en sueños bajo la forma de Rhode Kamelot, de la serie D.Gray-Man), y hay veces que la sexualidad, la ira o la alegría son el perfecto caldo de cultivo para que ella aparezca. Personalmente, disfruto muchísimo de conocerla y saber que ella me conozca. La percibo muy presente cuando está, no viéndola con mis verdaderos ojos sino con otra clase de presencia. En sueños se me manifiesta, a veces, con tanta presencia que me abruma.

Agradezco el tenerla cerca. Y los invito a que descubran y le den un carácter, un nombre y una personalidad a su/sus propias musas. Ahí afuera hay credos, creencias y rituales para agradecerles, hacerles peticiones o, simplemente, invertir tiempo en ellas. Puede sonarles estúpido, pero si dejan su mente un poquito abierta van a poder "divagar" lo suficiente como para descubrir que la Musa realmente toca sus vidas.

Disfruten la vida

Saludos


PS: Dejen comentarios si disienten de algo de mis escritos. Las críticas son bienvenidas, y también debatidas ^^